La tristeza habitual

Pastillas para dormir; pastillas para despertar. Farmacología líquida baumaniana. Sin derecho a serotonina, no sabe bien a quién apelar.

Con miedo se vive mal, pero con un solo miedo se vive peor.  Antifrágil y princesita. Un amigo le dijo que las españolas de ahora se creen princesitas, que él prefiere a las latinas (que aún hablan de ser madres, cuidar a sus sobrinos y ancianos).

No es nihilismo ni renuncia. Lo de ella es otra cosa. Es una falta de localización. No sabe volver, desandar el camino y encontrar su yo vagabundo, desorientado, errante, catatónico.

Cumple su mandato con la intención de morirse a tiempo, antes de que Pfizer traiga el fármaco definitivo para ir por la vida como un gilipollas resplandeciente.

Burguesita. “Original pese a tu postura liberal”. No le conmueven las causas, ¡ni las suyas!, que apenas tiene. Desprecia al charlatán. No tolera la desproporción dada su obsesión por la justicia simétrica, la belleza de la ecuanimidad. Fealdad en la penita proyectada.

Hablamos de una fracasada social: trabajo de mierda, sueldo de mierda, solitaria, sexualizada con vileza… Ejecuta su mandato hasta ser prescindible. No vela por ella Constitución alguna ni separación de poderes, es un despotismo sobrevenido por el alumbramiento y ahí es tirana felina. Leona africana. Volcánica por geografía.

Como fracasada social, la uniformidad le resulta desoladora. Siente ganas de volver a la cristiandad. Tal vez este verano rescate oro de la comunión. Sin posibilidades de suicidio houellebecquiano por no disponer de cientos de miles de euros para gastar en amor, tal vez a misa.

Le preocupa la cuestión nacional.

No es de extrañar que en el fracasado social acabe siempre apareciendo Borges con alguna cosa anamnésica, con esa ilustración latinizante que acerca a la palabra. No es de extrañar la entrega casi virginal a un conservador británico, que acerca a la contestación.

No fue esta una ocasión propicia para una ocurrencia brillante, pero una noche febril y de vigilia se aborda con la tristeza habitual (y, tal vez, por esta noche, compartida).

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