DIVORCIO

¿Qué viene después de la separación? Conversamos algunas madres divorciadas.

– Se parece a un velatorio. De alguna manera, una parte – la más importante- de tu vida se muere. ¿Te parece exagerado? Tal vez unos días antes estabas haciendo cola en el super mientras tu marido te decía al oído que iba a por helado y tu hija empezaba a dar saltitos y salía corriendo tras él. Les ves alejarse y volver hacia ti con esa ilusión de llegar a meta. La meta eres tú. Llegar a ti con algo que saben que te hará feliz. Les acaricias sus caras y piensas en cuánto les quieres. (¿Se podía querer tanto?)

-Dijo que necesitaba vivir otras cosas. Nunca supo explicar cuáles. Pero yo no cabía en ellas. “Hay otra persona”. ¿Empezó todo ahí? No, había empezado mucho antes. Pero no lo vi venir. De todo te enteras después, así te rompes todos los días un poquito. Les ves marchar. No se van solos. Otra mujer les coge de la mano. Tratas de que no te consuman los celos.

-“¡Ellos son mi familia!”, gritas impotente. Muda.

-Buscar casa, papeleo, abogados, peleas. Odio, más odio. No todos son amistosos. Y aún siéndolo, todos son algo dramático. Durante un tiempo eres un yo de entre guerras. Juicios, vistas, más juicios. Pero se acaba. Si logras encontrar un resquicio del amor que hubo, todo se arregla y os dais el adiós definitivo. 

-Ah, pero ese niño que asiste a la separación de sus padres. Al principio, cada día, donde quiera que esté, le explota una mina bajo sus pies. Un estruendo ensordecedor que lo destroza todo. Es un caos premonitorio que le ayuda a ubicarse mientras se desubica. No sabe qué puede preguntar, qué debe callar… y busca desconsolado el pasado, lo inmóvil (una foto, un recuerdo). Detesta la precisión con la que el presente le arrebata cada día lo que más quiere: “¿No podemos vivir como antes?”. Lo superan. O aprenden a vivir con ello. Incluso son felices.

-El primer día de colegio tras la separación ya no éramos tres. Mi hija me cogió de la mano y me miró: le echaba de menos. Entonces te das cuenta de que se ha hecho muy fuerte, mucho más fuerte que tú. Un día, la profesora te cuenta alguna floritura de la niña. Quieres llamarle y contarle. No lo haces, le escribes un escueto mensaje. Los teletipos que nos enviamos los padres divorciados informando de una novedad.

-Algunos lo llevan mejor. Pero sí, esa frialdad… está ahí.

-¿Te vas haciendo una idea de lo que es la separación? Es renuncia. Durante un tiempo tenéis dos casas pero ningún hogar. Una mochila siempre preparada para ir de casa de papá a casa de mamá. Un cuadrante con las vacaciones. Un “¿con quién me toca este año la Navidad?”.

-¿Y tú? Cuando un dolor te ha invadido por dentro deja de ser palpitante. Ha colonizado todo tu organismo y sólo te permite aliviarte cuando algo lo distrae, debe ser algo hermoso. Antes no me emocionaba tanto ver un buen gesto, una persona noble, una familia unida.

-A mí lo que más me cuesta es confiar.

-He visto a gente, sobre todo a padres, perderlo todo. Por eso me irrita tanto la frivolidad con que la gente habla del divorcio.

-“Como en la Roma de Adriano. Los Dioses habían muerto y Cristo no había nacido”, Arcadi dice esto para hablar de Cataluña. Yo creo que simboliza cualquier caos sobrevenido. Aún te faltan las coordenadas de tu nueva vida. Cada página de tu agenda es como el mito de Sísifo. Aunque esto también mejora. Un día te das cuenta de que el divorcio no mina ninguna capacidad tuya. Cómo no vas a salir adelante y a brillar de nuevo. Lo harás porque eres la misma. Dice el personaje de Yessica Chastain en Molly´s Game, tras superar un trauma, que había nacido “Yo S.A.”. Pues algo así. Las feministas dirían que te empoderas. Mi psicólogo dice que es sustituir la depresión por la tristeza; el miedo por la prudencia; que el orgullo sólo te lleva a la soberbia; la soberbia a la impulsividad; la impulsividad a no disponer de estrategias; vivir en el pasado es una memez, una torpeza que no te puedes permitir; que las batallas hay que saberlas perder con elegancia. Herida, sí. Víctima, no. Ah, y herida estuviste. Recuerda que estás curada. Suele olvidarse porque es tentador recurrir al pasado para explicar la dificultad del presente.

-Muy bueno tu psicólogo. No queda otra. Aprendes la lección en silencio y sigues. Crías a tu hijo sano y feliz. La parte que te toca. Porque esto también se reparte. Hay otra familia cuidando de él. En otra casa, con otros muebles, otros horarios, otros hábitos. Son esos días en los que tú empiezas a decir bobadas como “tengo tiempo para mí”.

-No es una bobada.

-¡Venga! “Reharás tu vida” ¿En serio? Oh, Dios, ¡cuántas veces lo habré escuchado!

-¿Se puede volver a amar? Pues como dice Barnes, “¿preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?”. Una vez eres madre, creo que más que una cuestión de elección es una responsabilidad no volver a sufrir. No, al menos, tanto.

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