La Española

Ahora cualquier español de ambos hemisferios, al margen de su condición social o estamental, participa igualmente de la soberanía nacional. Pedro Insua

Como cuando España era Imperio, La Española es universo. Y cuando La Española se enamora, te pone la medalla que a Elcano puso Carlos I: «Tú me diste la vuelta».

«Un mamotreto histórico» es nuestra época imperial. Así es el cuerpo de La Española. Un sueño de Bernini. Baja la calle San Bernardo para llegar a Gran Vía a ritmo de pasodoble. El contoneo imperioso de La Española que se desborda entre península y archipiélagos; se oye el eco civilizatorio, global, conquistador… en cada una de sus risas. Cuando baila suena el taconeo y cada vez que La Española pisa el suelo tiembla la Historia del siglo XV en adelante. 

Cuando La Española parpadea, el mundo se pone a sus pies. Y con esos ojitos de picaporte, que al cerrarse siente uno el golpe, consigue esta mujer envolver el ruido negrolegendario que sobre su nación se cierne. 

La Española es soberana que se entrega pero no se reparte. Jamás la poseerás por partes. Ella es un todo irreductible que danza y recita; da a luz y cría; trabaja y descansa. La Española soberana. 

Un día se agarra la falda con furia y te clava sus ojos españoles, profundos y católicos. Y te hace temer porque La Española menuda es. Pero posa su mano en todo rostro español, desde Finisterre a La Gomera, como madre hace saber a sus hijos que todos lo son de sangre y de corazón. 

Es histórica universal La Española. También contemporánea. Se arranca por Rosalía con flores y chándal. Con costumbres de extrarradio y cuentos de gitanos. Mueve la cadera nacional y embelesa a cualquier salvaje que le niegue a la señora, ser española. Ni en Trafalgar se perdió tanto como la pestiñosa ladrona que le quiere quitar el ser de una española. 

Se recoge el moño y sale al balcón. Canta. Ni al-Ándalus, ni Sefarad, ni América ni la Santa Inquisición la van a conseguir achantar. Ella sabe cuánto dio a este mundo. La Española Atlántica, Pacífica, Índica y Mediterránea, agita el agüita que le lleva a los geranios cuando sale al balcón a cantar. La conciencia española debe estar más limpia que el agua de Sierra Nevada y manantial. 

La Española es complicada. Complicada como un mapa mundi o una brújula hechizada. Corren por sus venas romanas, árabes, judías, celtas, cristianas, musulmanas, beréberes, castellanas…  nace fría en las aguas de Covadonga y ardiente en un volcán. Es su cuerpo, el de La Española, un desafío orofráfico difícil de descifrar. Por eso ella canta y habla como el agua más clara. 

Si hierven las tierras andaluzas, sus pies descalzos de niña morena llegan a la mar. Al río van las de Castilla, que huele toda a jabón de sábana tendida. La Española lava y lava. España huele a limpio de aloe vera y hierbabuena. Limpia y guapetona se va La Española a trabajar. Porque España está pachucha y la tiene que cuidar. Lucha junto a los hombres para que esta patria nuestra no sea un Tratado ni una Transición. Luchan a destajo para que España nunca viva sin lo que merece; lo que se gana y se ganó: ser una gran Nación. 

La Española maquillada dulcemente y perfumada de azahar, con cruz o sin ella, solo ante Dios o la Historia de España se va a arrodillar. Para dar las gracias. Porque es una suerte ser española. Mujer universal. 

 

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