Leyenda negra y memoria democrática

Espero no infringir ninguna ley con lo que a continuación voy a decir.

Saben ustedes, porque afortunadamente se ha puesto de moda este tipo de literatura, que sobre España, sobre el Imperio Español, se cierne una leyenda negra. Negrura que cada vez más españoles e hispanistas están consiguiendo aclarar. Como quien pone una sábana blanca y sucia en remojo y la tiende al sol, la luz empieza a traspasar a través de sus fibras de algodón. De pronto, la historia se ve de otra manera. Más clara. Más honesta.

No, la historia de España no merece una leyenda negra. Y, como decía, celebro que esto se extienda hasta ver como Elvira Roca Barea se convierte en un best seller.

Sin embargo, hoy asistimos, medio insomnes, medio asfixiados por la mascarilla, a la creación de la historia negra, enlutada hasta alcanzar tonalidades desconocidas de negro, sobre el siglo XX español.

Aquellos, más bien de la derecha, que denuncian la hispanofobia todos los días, parecen circunscribirse a la España imperial, pues contribuyen a producir historia averiada y vergonzante sobre la España del siglo XX.

Lastrado por la ignorancia y sin luces, le leía el otro día a la derecha que está dando la batalla cultural. Vaya, la España de Pemán, Azorín, Baroja, Dalí, Pla, D´ors, Cela, González-Ruano, Gómez de la Serna, Foxá, Julián Marías, Leopoldo Panero, Miguel Hernández, Delibes… La España que heroicamente nos cuenta por fascículos Ignacio Ruiz-Quintano en ABC. ¿Es esta una España lastrada por la ignorancia y sin luces? ¿De verdad?

Habla Aquilino Duque del llamado páramo cultural y dice lo siguiente: lo que pasa es que al haber triunfado en una época de la que abominan no sólo los que no la vivieron sino muchos de sus notorios beneficiarios, quedan excluidos de la nómina de los escritores que marcan una época.

Durante y después del franquismo, los españoles de toda condición levantaron un país tras una cruel guerra civil, y un medio siglo convulso a nivel mundial. Generaciones brillantes y trabajadoras que no merecen que esta España del siglo XXI, enredada en populismos radicales como el nacionalismo separatista, el feminismo ideológico, el ecologismo y la censura a través de la ley que regula la memoria, les de lecciones de resplandor e Ilustración. No sé si en el futuro este siglo que corre nos va a causar más pena o vergüenza.

España es un ejemplo de que las dictaduras pueden caer sin violencia. Transformándose. Es un legado que ningún español debe olvidar jamás cuando la izquierda saque el comodín de Franco y, la derecha española, o la Tercera España, se den más prisa en aclarar lo antifranquistas que son, que la propia verdad. Nuestra verdad. Nuestra historia. No existe ningún proyecto político en España, con capacidad de gobernar, que tenga como marco político el franquismo. Ninguno. Así que es incomprensible que ante la demagogia de la izquierda, la derecha responda con leyenda negra sobre España. ¿Son estos nuestros patriotas?

Prácticamente toda la oposición al franquismo fue antidemocrática. Digamos esto todos los días. Aunque yo quiero resaltar esta maquiavélica intención de jodernos a los españoles otro siglo de historia, también afirmo que no estamos en eso ahora. Quiero decir, que a nuestra crisis nacional, ahora también económica, no se las combate con antifranquismo. España no resucitó en 1978.

La historia más negra de nuestro siglo XX es la de la ETA y una República que dinamitó la democracia, y se dedicó a quemar iglesias y asesinar a líderes de la oposición, y nos condujo a una guerra civil. Hablemos de eso un poco. Más que nada porque es una historia que se repite. Hoy los herederos de la ETA nos hacen los presupuestos nacionales y el Vicepresidente el gobierno y sus ministros, ponen en jaque al Jefe del Estado y, por lo tanto, a la Monarquía Parlamentaria. Incluso, se atreve a afirmar en sede parlamentaria, con tono amenazante, que el principal partido de la oposición jamás volverá a gobernar en nuestro país.

La obsesión del español porque no le llamen franquista se ha convertido en pánico y anulación de la personalidad. Aparece aquí el género ni de unos ni de otros, adoptando claramente un lenguaje guerracivilista. Cuando lo que hay aquí no es un conflicto fratricida, sino una parte de España que lleva 40 años adoctrinando a sus conciudadanos para la ruptura de la Nación. Millones de españoles viven bajo el yugo de la propaganda y la coacción separatista. La Nación lleva en vilo desde el golpe catalán. ¿De verdad el antifranquismo va a solucionar nuestros problemas de hoy? O eres víctima de los que quieren romper España o eres cómplice. Estos son, hoy, nuestros unos y nuestros otros.

No puedo dejar este post sin anotar algunas claves que creo imprescindibles para combatir la leyenda negra española del siglo XX. En un acto de, no sé si llamarlo valentía o suicidio social, voy a citar a Pío Moa y las que él señala como las más copiosas corrientes de falsedad del siglo XX. A saber:

  1. Los nacionales se rebelaron contra un gobierno legítimo: falso. Nunca se publicaron los resultados de aquellas elecciones.
  2. Los nacionales re rebelaron contra un gobierno democrático: quemando iglesias, amenazando de muerte a la oposición, conspirando desde el Frente Popular para arrebatar el gobierno a la derecha. No, muy democrático no era.
  3. Es falso que el franquismo luchara contra el comunismo, porque el PCE era débil en 1936: falso. No sólo era comunista el PCE, también lo eran el PSOE y los anarquistas.
  4. Los franquistas ejercieron una represión extraordinariamente cruel: no más que la izquierda, cuyas altas cotas de sadismo están más que acreditadas.
  5. Los nacionales ganaron gracias a la ayuda de Alemania e Italia: la ayuda fue importante, pero Stalin fue quien se quedó con el oro español y dominó el Frente Popular. Los nacionales mantuvieron su independencia.
  6. La gran mayoría de los intelectuales apoyó al Frente Popular: falso. La mayoría permaneció en el país y hubo, además, dos exilios: los intelectuales amenazados por el Frente Popular se exiliaron primero.

Inocente de mí, espero que algún día la España del siglo XXI se quite de encima la losa del antifraquismo que no es, a día de hoy, sino una frontera ideológica imaginaria.

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